viernes, 19 de diciembre de 2014

SkullMonkeys

SkullMonkeys, conocido en Japón como Klaymen Klaymen 2: Skullmonkey no Gyakushuu, es un juego programado por The Neverhood y publicado y distribuido por Dreamworks Interactive para Playstation en 1998, llegando al mercado europeo el 20 de febrero del mismo año de la mano de Electronic Arts. Se trata de la secuela de The Neverhood, y la cual cambia de estilo totalmente, porque en lugar de presentársenos una aventura gráfica en esta ocasión nos encontramos ante un entretenidísimo juego de plataformas, aunque el humor tan surrealista sigue presente.



El juego es el típico plataformas en 2D en el que tenemos que avanzar por la pantalla hasta el final del nivel, debiendo usar mucho la habilidad del salto para pasar de una plataformas a otra y pudiendo acabar con los enemigos saltando contra ellos y recogiendo items y power-ups. Podemos también realizar otras acciones si conseguimos el item apropiado, muchas veces son cosas surrealistas como lanzar pájaros, aunque también contamos con típico item que acaba con todo bicho viviente presente en pantalla, así como crear un doble del protagonista tirándose un pedo. También hay que decir que es un juego muy variado con multitud de zonas secretas y rutas alternativas.



El apartado técnico es muy bueno. Al igual que The Neverhood se utiliza la técnica de stop motion, en el que personajes y entornos están hechos completamente de plastilina. Destaca en primer lugar la figura de Klay, el protagonista de este juego y de la primera parte, que cuenta con un muy buen diseño y unas animaciones soberbias, y además contamos con una buena variedad de enemigos y jefes bastante imaginativos, todos hechos también de plastilina, igual que los maravillosos escenarios, variados y llenos de detalles, con un maravilloso diseño artístico. También cuenta con un potente banda sonora y unos estupendos efectos de sonido, muchos de ellos muy graciosos y escatológicos.



Pasando al tema de la jugabilidad, hay que decir que la mecánica del juego es la típica de un plataformas en 2D tradicional, y además Klay cuenta con un control muy sencillo que permite que aunque es capaz de hacer muchas acciones todas ellas se realizan muy fácilmente, a lo que hay que añadir una respuesta al pad muy buena. Tiene también una buena extensión y, aunque en las primeras pantallas no parezca un juego muy complicado, pronto la dificultad se verá incrementada hasta convertirse un juego muy difícil.



El malvado Klogg fue desterrado de The Neverhood al final del primer juego, pero ahora ha terminado en el planeta Idznak, que está habitado por criaturas conocidas como Skullmonkeys y una raza de insectos conocidos como YNT. Klogg se convierte en el líder de los Skullmonkeys y pone en marcha para crear "La Máquina Maligna Número 9" para destruir el Neverhood, mientras que Klaymen entra escena para detenerlo.



En resumen, una genial secuela de The Neverhood para Playstation que aunque cambie radicalmente de género sigue siendo un juegazo como la copa de un pinto y uno de mis plataformas y juegos favoritos de la consola. Obra maestra.


7 comentarios:

  1. Bien merece la pena amar el género por juegos así.
    La banda sonora absolutamente impagable :)

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    1. Desde luego está entre los grandes de los plataformas.

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  2. Es brutal. No tuvo creo yo, la fama que se mereció porque se pasaba de los juegos en 2D en la época. Con Rayman, los grandes de las 2D de la play station.

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    1. Un juego maravillo, tanto como su primera parte.

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  3. Pedazo de juego, y el stop motion le queda genial!

    Perdón por ser un poco pedante ahora: Skullmonkeys no es una obra maestra para mí, Neverhood lo sería. Esa expresión se debería usar para describir la mejor obra de un autor, no así a la brava para decir que es un juego, o lo que sea, excelente. Como para mí the Neverhood es mejor, pues eso.

    Repito: perdona otra vez por el apunte ; )

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    1. Yo es que al ser géneros tan diferentes los pongo a la par, de una calidad sobresaliente en sus respectivos géneros.

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    2. Ok. En principio cada autor debería tener sólo una magnum opus (así le llamaban), pero ¡Ya te entiendo!

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